Un taxista brasileño recibe 29 disparos en Guayaramerín
29 orificios de entrada por arma de fuego presentaba el cuerpo del taxista Antônio Marcos Filho, hallado en la ruta Guayaramerín-Riberalta, cerca de la comunidad San Pedro (Beni). La Policía confirmó el crimen ocurrido el 27 de mayo de 2026. El cadáver, en descomposición, fue entregado a los familiares tras oponerse a la autopsia.
Hallazgo del cadáver y entrega a los familiares
El cuerpo fue encontrado a las 12:30 del 1 de junio sobre la carretera a San Pedro, a 30 kilómetros de Guayaramerín, después de que un hombre lo notificara en la FELCC. El director de la FELCC en Guayaramerín, Álvaro Mamani Lima, confirmó que el taxista identificado como Antônio Marcos Filho, conocido como “Gordinho da Revoada”, presentaba 29 orificios de entrada. Los familiares, que lo buscaban desde el 27 de mayo, firmaron un acta de oposición a la autopsia y trasladaron el cuerpo a Brasil.
Causa de la muerte y estado del cuerpo
El médico forense determinó que la causa de la muerte fue un trauma encéfalo craneal (TEC) producido por arma de fuego. Se estableció una data de muerte de cuatro días, coincidiendo con el 27 de mayo. El cadáver presentaba signos de violencia y se encontraba en estado de descomposición.
Investigación del crimen y colaboración con Brasil
La Policía desconoce las causas del asesinato. Mamani indicó que el crimen se produjo en el lugar del hallazgo. Las autoridades coordinan con la Policía Federal de Brasil para esclarecer el hecho. Se verificó que la víctima no tiene antecedentes penales ni en Brasil ni en Bolivia. El taxista, natural de Porto Velho (Rondonia), trabajaba para una aplicación de transporte.
Antecedentes: desaparición y mensaje de despedida
El taxista brasileño llevaba desaparecido desde el miércoles 27 de mayo de 2026. Tras el hallazgo, las autoridades difundieron imágenes en las que los asesinos lo abatieron mientras era grabado dando un mensaje de despedida.
Implicaciones del suceso
El asesinato de un taxista brasileño con 29 disparos en Bolivia pone en evidencia la coordinación transfronteriza entre las policías de Bolivia y Brasil. La negativa de los familiares a la autopsia limita el análisis forense, mientras la investigación busca esclarecer un crimen con autoría y móvil desconocidos.