La fe sostiene a internos abandonados en cárceles de Bolivia
Especialistas advierten riesgos de manipulación y dependencia en el uso de la religión en prisiones, según un análisis de 2026. La fe actúa como refugio emocional, pero también genera estructuras de poder entre los presos.
Religión como último recurso de reconstrucción humana
El criminólogo y exdirector de Régimen Penitenciario, Ramiro Llanos, afirmó que la religión representa para muchos internos el último recurso de reconstrucción humana tras ser “despojados de su dignidad” por el sistema penal. Según Llanos, la fe permite encontrar sentido y consuelo a quienes sufren abandono afectivo y torturas policiales.
Menor reincidencia con presencia religiosa
Llanos aseguró que en cárceles con fuerte presencia católica o evangélica, los índices de reincidencia serían significativamente menores. El especialista consideró que la transformación debe reflejarse en acciones concretas como la reparación del daño y la recuperación de vínculos familiares.
Advertencias sobre manipulación y poder
La psicóloga Tania Viscafé definió la religión como un “factor resiliente externo” para internos recién ingresados o abandonados. Sin embargo, advirtió que la ayuda material de las iglesias genera dependencia y condicionamiento en la participación religiosa.
Estructuras de poder en penales de máxima seguridad
Viscafé señaló que líderes religiosos internos adquieren influencia al administrar donaciones y coordinar actividades. “Hay internos que logran empoderarse a través de la religión”, afirmó, alertando sobre el riesgo de que personas con rasgos antisociales utilicen la fe para manipular u obtener ventajas penitenciarias.
Contexto de abandono institucional
La fe se ha convertido en uno de los pocos refugios para miles de personas privadas de libertad en Bolivia. El contexto está marcado por el hacinamiento, el abandono familiar y la precariedad institucional en las cárceles.
Vacío que el Estado no logra llenar
Ambos especialistas coincidieron en que la religión ocupa un vacío que el Estado no ha cubierto. La falta de programas de salud mental y reinserción social ha convertido a las iglesias en actores clave dentro de los penales bolivianos.