Salim Mattar dimite tras fracasar privatización de 600 empresas en Brasil
El empresario Salim Mattar abandonó el Gobierno de Bolsonaro en agosto de 2020 tras 17 meses al frente de la privatización, que no logró vender las más de 600 empresas estatales previstas. Mattar, fundador de la mayor empresa de alquiler de coches de América Latina, Localiza (RENT3), asumió como secretario especial de Privatización en marzo de 2019 con el objetivo de recaudar cerca de un billón de reales.
De seis escarabajos a una flota de 240.000 vehículos
Mattar fundó Localiza en 1973 en Belo Horizonte con seis Volkswagen Escarabajos de segunda mano financiados. El negocio creció expandiéndose en ciudades pequeñas y aeropuertos secundarios. En 1997 aceptó una inversión de 50 millones de dólares de un fondo estadounidense a cambio de un tercio del capital. La empresa salió a bolsa en 2005 y creó una división de vehículos usados que eliminó al intermediario. Localiza es hoy la mayor operadora de alquiler de coches de América Latina.
La formación intelectual del fundador
Mattar leyó a Adam Smith a los 16 años y a Friedrich Hayek a los 17. En los años 80 financió la traducción de La rebelión de Atlas de Ayn Rand y cofundó los institutos Liberal y Millenium. “La única manera de poner a Brasil en el camino de la prosperidad es a través del liberalismo”, declaró Mattar al diario Gazeta do Povo.
El choque con la burocracia de Brasilia
Mattar fue nombrado secretario el 4 de marzo de 2019.
Denunció que un proceso de privatización que lleva 75 días en el sector privado requiere 11 meses en el Gobierno federal. Criticó el aparato estatal como “un Leviatán burocrático, construido para no funcionar”. La pandemia de covid-19 llegó en marzo de 2020 y agravó los retrasos, pero las quejas de Mattar eran anteriores. El bloqueo político del Centrão, cuyas redes clientelares recorrían las empresas estatales, y la oposición del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, frenaron las ventas. Mattar dimitió el 11 de agosto de 2020.
El balance de la privatización: poco más que Eletrobras
De las más de 600 empresas objetivo, solo se completaron unas pocas desinversiones menores. Eletrobras abrió capital en 2022 pero retuvo una acción de oro para el Gobierno federal. Petrobras, los Correios y los bancos públicos no se movieron. El Gobierno de Lula, que volvió al poder en 2023, no ha revertido estas posiciones porque “hay poco que revertir”. El Estado retuvo lo esencial.
La contradicción del liberal que usó subvenciones
La revista CartaCapital ha criticado que Localiza creció gracias a incentivos fiscales específicos para el sector de alquiler, particularmente en Minas Gerais. La legislación estatal se conoce como “Ley Salim Mattar”. CartaCapital resumió: “El liberalismo brasileño es una jaboticaba: empresarios con los dientes pegados a la teta del Gobierno que defienden reducir el Estado, en general para los demás”.
Los defensores de Mattar responden que los incentivos selectivos son una característica de todos los sectores brasileños y que la respuesta liberal adecuada es abolir las distorsiones universalmente, no rechazar los beneficios. Los inversores deben leer la historia de Mattar por lo que revela de ambos polos: el logro empresarial genuino de Localiza y la dependencia estructural de la arquitectura fiscal brasileña.
La batalla de las ideas para la próxima generación
Mattar ha centrado su energía desde 2020 en lo que llama la “batalla de las ideas”. Financia institutos liberales y el programa Liberdade na Estrada, que envía ponentes a universidades. Su tesis es que la reforma institucional requiere un cambio generacional en la formación de las élites. Seguirá invirtiendo esperando que “en algún momento un joven pase por las aulas de nuestros estudios y llegue allí”, a la presidencia.
Lo que viene: 2026 y el largo plazo
Las elecciones de octubre de 2026 no producirán un gobierno privatizador. Tanto Lula como los principales candidatos de la oposición defienden la participación estatal en sectores estratégicos. El próximo mandato al estilo Mattar, si llega, es cuestión de 2030. Los inversores que valoran Brasil como un país donde las empresas privadas pueden prosperar a pesar del Estado, y que se posicionan para oportunidades sectoriales, han acertado repetidamente.