La guerra en Irán tumba el oro un 10% y dispara el petróleo un 37%
El oro ha caído un 10% desde el inicio de la guerra en Irán, mientras el crudo Brent se ha disparado un 37%. El 27 de febrero, víspera de la Operación Furía Épica de EE. UU. e Israel, el oro cotizaba a 5.275 dólares la onza y el Brent a 70 dólares. Diez semanas después, el oro ronda los 4.735 dólares y el Brent los 100 dólares.
El coste de oportunidad del metal precioso
El oro no paga cupón, dividendo ni intereses. Su valor lo determina el coste de oportunidad frente a los tipos de interés reales en Estados Unidos. Cuando los tipos suben, mantener oro sin rendimiento resulta caro. Cuando bajan, el metal se vuelve atractivo. En 2025, el mercado descontaba dos o tres bajadas de tipos de la Reserva Federal, y el oro subió un 65%. La guerra en Irán ha destruido esas expectativas: la herramienta FedWatch apunta a ningún recorte de tipos en 2026 y las probabilidades de una subida superan a las de una bajada a un año vista. El metal ha ajustado su precio a esta nueva realidad.
La sensibilidad a la política monetaria se impone
Amy Gower, estratega de materias primas de Morgan Stanley, sostiene que la sensibilidad del oro a la política monetaria ha pasado por delante de su condición de activo refugio. El metal no responde a los acontecimientos geopolíticos en sí, sino a la reacción de política económica que viene después. “Unos tipos de interés altos durante más tiempo elevan el coste de oportunidad de mantener oro”, señala Gower. El conflicto ha provocado un shock de oferta que los mercados esperan que la Fed absorba manteniendo una política restrictiva.
La verdadera función de refugio del oro no es la que parece
El oro no cubre frente a la inflación en sí misma. Cubre frente al fallo de la institución encargada de controlarla. Cuando los precios suben de forma moderada, el oro suele sufrir porque los mercados confían en que el banco central actuará. El episodio de 2026 encaja con este patrón: la inflación resulta incómoda, pero la Fed sigue siendo percibida como capaz de manejarla. El momento crucial para el oro llega cuando esa confianza se rompe, como en los años 70, la crisis de deuda de la eurozona o la pandemia de 2020. “La guerra de Irán no ha provocado un shock de credibilidad, sino un shock de oferta”, y esa diferencia explica la caída del 10%.
Goldman Sachs mantiene su apuesta, pero alerta sobre Ormuz
El equipo de materias primas de Goldman Sachs, dirigido por Daan Struyven, prevé que el oro alcance los 5.400 dólares por onza a finales de 2026, apoyado en las compras de bancos centrales y en la expectativa de que la Fed acabará recortando tipos. Sin embargo, advierte de que el metal sigue expuesto a presiones vendedoras si persisten las interrupciones en el estrecho de Ormuz. Goldman ha revisado al alza su previsión para el Brent en el cuarto trimestre de 2026 hasta 90 dólares por barril, y alerta de que un escenario adverso podría llevar el precio por encima de 100 dólares si los flujos no se normalizan antes de finales de julio.
Qué implica para los inversores que buscan cobertura
Un shock petrolero que recorta la oferta y eleva el precio del crudo ejerce una presión directa al alza sobre la inflación. El crudo es la única cobertura que se beneficia de la propia fuente de esa inflación. En cambio, en las primeras fases de una subida de precios, el oro suele bajar porque los bancos centrales mantienen un coste de la deuda elevado. Su momento llega solo si la inflación mina la confianza en el banco central. Cuando se reabra el estrecho de Ormuz, el petróleo retrocederá y la Fed recuperará margen para recortar tipos. “Es probable que el patrón del oro vuelva entonces a invertirse”. Hasta ese momento, la guerra ha tenido el efecto contrario al esperado sobre el metal.