El kelp marino busca abrirse paso como biocombustible para aviones y barcos
Investigadores de Estados Unidos avanzan en el estudio de algas marinas para producir combustible sostenible, aunque el reemplazo del petróleo sigue siendo un objetivo lejano. El biocombustible refinado a partir de kelp podría impulsar barcos y aeronaves. El científico Scott Lindell, del Instituto Oceanográfico Woods Hole, afirma que “difícilmente hay algo más simple, o que crezca tan rápido y de manera tan sostenible, como las algas marinas”.
El proceso para convertir algas en combustible
El biocombustible se obtiene del kelp mediante licuefacción hidrotermal, un proceso que usa calor y presión. Las células de algas, llamadas gametofitos, se convierten en una variedad de kelp de rápido crecimiento. Este combustible podría funcionar sin derivados del petróleo, a diferencia de los combustibles líquidos actuales que emiten dióxido de carbono.
Ventajas del kelp frente a otros biocombustibles
El etanol de maíz requiere tierras agrícolas, agua dulce y pesticidas. El kelp, en cambio, se cultiva en el océano con recursos mínimos. Investigadores han logrado criar variedades que producen hasta tres veces más biomasa que las cepas convencionales. Sin embargo, estos combustibles liberan gases como el acetaldehído al quemarse.
El círculo vicioso que frena la industria
Las empresas energéticas no invierten sin demanda demostrada y los agricultores no amplían la producción sin un comprador garantizado. Oliver Dixon, cultivador en Rhode Island, cosecha unos 4.500 kilogramos de kelp para restaurantes, pero su granja es cientos de veces más pequeña de lo necesario para biocombustible.
El mercado actual del kelp
Las granjas acuícolas son pequeñas y abastecen a restaurantes, empresas de cosméticos y productores de fertilizantes. Bren Smith, de GreenWave, señala que el kelp es más viable en estos productos que en combustible, que es uno de sus usos de menor valor económico.
Antecedentes: el programa gubernamental MARINER
En 2016, el Departamento de Energía de EE.UU. lanzó el programa MARINER (Macroalgae Research Inspiring Novel Energy Resources). Incluyó proyectos para desarrollar cepas de kelp resistentes al calor y estudios sobre genomas de algas. Scott Lindell, financiado por MARINER, mejoró el rendimiento del cultivo mediante cría selectiva. La financiación duró seis años y concluyó en 2024.
Obstáculos regulatorios y ambientales para la expansión
Ampliar el cultivo de kelp enfrenta barreras. En EE.UU., las aguas costeras se priorizan para recreación, pesca y conservación, lo que dificulta permisos para grandes proyectos. Oliver Dixon no puede mantener su infraestructura en el agua todo el año. Trasladar las granjas mar adentro introduce riesgos ecológicos, como la captura de animales marinos y la competencia por nutrientes. Hauke Kite-Powell advierte que aún no se comprenden los efectos secundarios de la agricultura oceánica a gran escala.