Armenia recupera su viticultura milenaria con viñedos verticales y técnicas orgánicas
Trinity Canyon Vineyards fue la primera bodega certificada como orgánica en Armenia en 2016. Aunque renunció a la renovación anual del certificado por su complejidad, continúa aplicando métodos orgánicos para proteger el suelo y la biodiversidad local.
Viñedos verticales en las montañas de Vayots Dzor
En la provincia de Vayots Dzor, las bodegas emplean la viticultura vertical al cultivar en altitudes de 1.100 a 1.600 metros. Artem Parseghyan, enólogo jefe de Trinity Canyon, explica que la mayoría de viñedos se plantan en mesetas naturales porque el terreno rocoso dificulta incluso el aterrazamiento. Las uvas crecen entre inviernos gélidos y veranos calurosos.
Protección de la biodiversidad frente a pesticidas vecinos
El equipo de Trinity Canyon utiliza cultivos de cobertura en lugar de fertilizantes sintéticos para enriquecer el suelo. Parseghyan señala que las últimas cuatro filas que lindan con fincas colindantes no se tratan como orgánicas porque pueden estar contaminadas por pesticidas: «esa es la zona de protección».
La sombra soviética sobre la tradición vinícola
La elaboración de vino en la actual Armenia tiene 6.000 años de historia, pero la Unión Soviética prefirió el brandy al vino y eliminó muchas variedades autóctonas durante el siglo XX. Según Parseghyan, los viticultores carecían de formación académica porque la industria renacida no heredó el conocimiento acumulado en otros países.
Cambio climático y plagas como nuevos desafíos
Kristine Margaryan, jefa del Laboratorio de Genómica Vegetal de la NAS RA, afirma que en Vayots Dzor la temperatura ha subido 1,3-1,4 °C en el último siglo. Su equipo creó el primer viñedo de alta montaña de Armenia a 2.080 metros y comprobó que las variedades locales prosperan mientras que las europeas fracasan. Además, la plaga de la filoxera amenaza las raíces de las vides y puede destruir viñedos enteros en cinco o seis años.
Escasez de cántaros tradicionales y apuesta por la sostenibilidad
Zaruhi Muradyan, directora de la Fundación Viña y Vino de Armenia, denuncia la falta de karas, las ánforas de barro para fermentar y almacenar vino. Propone crear una escuela dedicada a su fabricación que también sirva como atractivo turístico. Aunque rechaza el término «agroecología», reconoce que muchas bodegas introducen técnicas para reducir el impacto ambiental.
Implicaciones de la recuperación del vino armenio
Los viñedos armenios combinan métodos ancestrales con estrategias modernas para preservar la biodiversidad y adaptarse al cambio climático. La diversidad genética de las uvas autóctonas resulta clave para que las vides sobrevivan a mayores altitudes, mientras la industria busca fuentes sostenibles para recuperar su herencia milenaria.