La Iniciativa Ríos Jaguar busca reconectar ecosistemas de Sudamérica en 2030
Cuatro organizaciones conservacionistas se han unido para crear la Iniciativa Ríos Jaguar en la cuenca del río Paraná, con el objetivo de proteger al jaguar y otras especies amenazadas, restaurar la fauna y preservar al menos 1.200 kilómetros cuadrados de tierra para 2030. La iniciativa, anunciada en 2025, busca reconectar hábitats fragmentados utilizando ríos y bosques ribereños como corredores de vida silvestre en Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay.
Origen del proyecto: el avistamiento de una nutria gigante
Durante la pandemia de COVID-19, investigadores de Rewilding Argentina avistaron una nutria gigante de río en la laguna del río Bermejo, una especie que se creía extinta en el país desde hacía casi 50 años. Sofía Heinonen, directora ejecutiva de Rewilding Argentina, afirmó que el encuentro fue tan poderoso que quedaron atónitos. El equipo determinó que la nutria había llegado desde Paraguay y concluyó que la conservación debía abordarse a nivel regional, centrada en los ríos.
Colaboración entre organizaciones
La iniciativa agrupa a Rewilding Argentina, la brasileña Onçafari, la boliviana Nativa y la Fundación Moisés Bertoni de Paraguay. Estas entidades ya colaboraban en proyectos contra incendios, sequías y en la creación de economías basadas en la naturaleza. Mario Haberfeld, fundador de Onçafari, señaló que la fauna necesita espacios más grandes para vivir, por lo que comenzaron a comprar tierras en lugares estratégicos. La iniciativa aprovecha que los ríos de la cuenca del Paraná conectan biomas como el Pantanal, el Gran Chaco y el Bosque Atlántico.
Metas de la iniciativa: «arcas» y corredores ecológicos
El plan incluye la creación de «arcas», áreas núcleo estrictamente protegidas que generarán poblaciones de especies como el jaguar, catalogado como casi amenazado desde 2016. Estas arcas se ubicarán en zonas como el Chaco-Pantanal, el Alto Pantanal, el Alto Bermejo, el Parque Iberá y el Parque Nacional El Impenetrable. Alrededor de ellas se establecerán zonas de amortiguamiento y «peldaños» de hábitat que conectarán las arcas, permitiendo el movimiento de animales. Iván Arnold, director ejecutivo de Nativa, afirmó que solo mediante el trabajo colectivo se puede luchar contra los incendios, la deforestación y la agroindustria.
Impacto climático y territorial
Para 2030, la iniciativa prevé proteger al menos 1.200 kilómetros cuadrados de tierra, lo que evitaría la liberación de aproximadamente 34 millones de toneladas métricas de carbono procedentes de la deforestación, incendios y cambios de uso del suelo. En Argentina, se planea cerrar las brechas de protección en el Parque Iberá y consolidar un corredor protegido a lo largo del río Bermejo. En Brasil, se ampliarán los humedales de Alagados do Taquarí. Las organizaciones ya han protegido unos 35.000 kilómetros cuadrados y han reintroducido 13 especies, como el tapir sudamericano y el venado de las Pampas.
Antecedentes: cooperación previa entre conservacionistas
Antes de la iniciativa, Rewilding Argentina y Onçafari compartían prácticas sobre habituación de jaguares y lobos de crin, y ambas enfrentaban desafíos burocráticos para comprar tierras. La Fundación Moisés Bertoni, creada en 1988 tras la dictadura en Paraguay, gestiona más de 700 kilómetros cuadrados de área protegida y opera un internado en la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú. Nativa, fundada en 2003 en Bolivia, trabaja en la zona tri-fronteriza con Argentina y Paraguay para frenar el avance de la frontera agrícola y conserva 19 áreas protegidas.
Implicaciones del proyecto: un modelo de conservación regional
La Iniciativa Ríos Jaguar busca transformar la percepción de los ríos como barreras en conectores ecológicos entre países. Si tiene éxito, según Heinonen, conducirá al regreso de más nutrias gigantes y otras especies emblemáticas a hábitats amenazados. La colaboración entre los cuatro países y la compra de tierras estratégicas podrían facilitar la creación de áreas binacionales protegidas, aunque los miembros reconocen que la gestión de tierras transfronterizas es compleja. El proyecto aspira a que los ecosistemas puedan sostener tanto a la vida silvestre como a las comunidades locales mediante economías basadas en la naturaleza.