La economía venezolana no mejora tras la captura de Maduro
La intervención estadounidense no ha mejorado la vida de los ciudadanos en Venezuela. Desde la captura de Nicolás Maduro en enero, el gobierno de ESTADOS UNIDOS prometió “desatar la prosperidad” al tomar el control de la industria petrolera, pero la crítica situación económica continúa.
Promesas incumplidas y salarios hundidos
La élite con conexiones políticas habla de un renacimiento económico, pero los venezolanos de a pie pasan sus días rebuscando entre los escombros de una economía arrasada. La intervención estadounidense ha cambiado poco hasta ahora y solo ofrece una débil perspectiva de algo mejor. El valor del bolívar ha caído al menos un 36 % desde enero, dejando el salario mínimo en 27 centavos de dólar. La líder Delcy Rodríguez anunció que los trabajadores contarían con bonos de hasta 240 dólares al mes, pero una familia necesita 610 dólares solo en alimentos.
Reconstrucción de la industria petrolera
Reconstruir la industria petrolera podría costar más de 180.000 millones de dólares y tardar más de una década, según analistas de Rystad Energy. El gobierno de DONALD TRUMP afirma que ha comenzado a enviar millones de dólares procedentes de las ventas de petróleo al gobierno de Caracas, pero las arcas públicas siguen prácticamente vacías y los servicios básicos están devastados.
Antecedentes: el legado de Maduro
Durante los 13 años de Maduro en el poder, la espiral económica descendente empujó a la pobreza a profesores, médicos y albañiles. Pedro García, profesor de 59 años, relató que su salario equivalía a cuatro dólares al mes: “No me alcanza para no morir de hambre”. Carlos Hermoso, economista, calificó la promesa estadounidense de “espejismo” para la gran mayoría de los venezolanos.
Repercusión: desesperación en las calles
En los barrios empobrecidos de Caracas, la desesperación es aguda. Tres cuartas partes de la población carecen de ingresos suficientes para cubrir necesidades diarias, según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello. La fila para abordar autobuses destartalados se extiende por cientos de personas. Yelmira Jiménez, presidenta de una asociación de conductores, afirmó: “Lo único que ha cambiado desde que se llevaron a Maduro es que me siento más cómoda hablando con un periodista gringo”.