Ciudadanos ayudan a conectar árboles para salvar al langur de Singapur
Menos de 80 individuos de langur de Raffles sobreviven en Singapur. Un programa de ciencia ciudadana recopila datos desde 2016 para proteger a este primate críticamente amenazado y reforestar corredores entre fragmentos de selva.
El programa de ciencia ciudadana
La iniciativa, impulsada por el Raffles’ Banded Langur Working Group con NParks y otras entidades, ha formado a más de 100 voluntarios que realizan censos mensuales en el Lower Peirce Reservoir Park. Los voluntarios registran tamaños de grupo, demografía y comportamiento para mapear cómo se desplazan los langures. La investigadora Andie Ang destaca que la falta de concienciación es una amenaza principal.
Datos que guían la conservación
Las observaciones han identificado plantas alimenticias y puntos donde los langures bajan al suelo para cruzar carreteras. Con esa información, se han instalado puentes de cuerda a 10 metros de altura y se han realizado plantaciones de enriquecimiento con árboles como higueras y manglares. Los voluntarios también participan en las plantaciones para ver la aplicación de sus datos.
Población en recuperación limitada
La población de langures en Singapur ha pasado de 40 individuos en 2011 a 80 en la actualidad. Un estudio de 2023 estima que podría alcanzar 244 ejemplares para 2071 si se mantienen y conectan sus hábitats. Sin embargo, Ang señala que la disponibilidad de hábitat es la principal limitación.
Barreras y soluciones
Las carreteras, tendidos eléctricos y zonas urbanizadas son barreras insalvables para esta especie arborícola. Los puentes de cuerda han registrado cientos de cruces documentados tras un periodo inicial de adaptación. En 2023, se registró el primer uso de un paso de fauna elevado de 62 metros que conecta Bukit Timah con la reserva central. El primatólogo Vincent Nijman indica que Singapur es la única población del género Presbytis con crecimiento significativo.
Antecedentes: la deforestación en Singapur
En los últimos dos siglos, la pérdida de hábitat ha sido devastadora. Queda menos del 1% del bosque primario original y solo el 4,3% de la cubierta forestal secundaria se considera bosque maduro de alta calidad. Los langures sobreviven en fragmentos aislados y, sin conexión, podrían sufrir endogamia y extinción.
Implicaciones: de voluntarios a defensores
El programa ha entrenado a unos 900 voluntarios y ha generado conciencia pública. La investigadora Ang espera que ese apoyo se traduzca en presión ciudadana para proteger nuevos hábitats, como el bosque Tagore, de 30 hectáreas, que está previsto para desarrollo urbanístico. Ang afirma que se observa una ciudadanía activa que cree que su voz puede marcar la diferencia.