La violencia digital contra periodistas se extiende a la calle en Bolivia
Seis casos de violencia digital contra mujeres periodistas fueron documentados en Bolivia entre enero y noviembre de 2025. El acoso empieza en redes con insultos misóginos y puede escalar a amenazas físicas, chantaje y agresiones fuera de la pantalla.
El acoso nace en las redes y se vuelve físico
Gabriela, periodista de un medio digital en Bolivia, sufrió insultos como “chola de…” y “puta” durante transmisiones en vivo. Los ataques incluyeron alusiones a que habría conseguido su trabajo por una relación sexual con alguien de poder. El acoso pasó de memes y mensajes en TikTok a una carta anónima con advertencias sobre su hijo y amenazas desde sectores policiales. “Ya no es digital. Ahora es físico”, resume.
La violencia busca desacreditar por ser mujer
La presidenta del Círculo de Mujeres Periodistas de La Paz, Patricia Flores, explica que “no se la ataca por su trabajo, sino por su condición de mujer”. La periodista Miroslava Fernández añade que existe “una doble vulnerabilidad”: atacan por la profesión y por el género. La violencia digital es una forma de “disciplinamiento” que busca silenciar y apartar a las mujeres del espacio público.
Casos que no se denuncian y la angustia silenciosa
En Bolivia no existen datos oficiales ni normativa específica para registrar la violencia digital. Entre enero y noviembre de 2025, el Observatorio de Derechos Humanos de Unitas documentó 25 vulneraciones al ejercicio periodístico en el ámbito digital: seis corresponden a mujeres, tres por ciberacoso y tres por estigmatización. “Este registro es un subregistro”, advierte el periodista Rodolfo Huallpa. La falta de registro limita la respuesta institucional y deja el problema fuera de las políticas públicas.
Miedo a denunciar y debilidad de los mecanismos de protección
Patricia Flores señala que “la mayoría de las colegas no quiere que las denuncias avancen” por miedo a perder el trabajo, a la estigmatización y a poner en riesgo su integridad. La especialista Cielito Saravia explica que “el cuerpo reacciona: hay miedo, ansiedad, estrés. No hay una frontera clara entre lo digital y lo físico”. Las consecuencias incluyen ataques de pánico, insomnio, hipervigilancia y abandono de redes sociales.
Cuando la amenaza se acerca
Laura, presentadora de televisión en La Paz, sufrió acoso con una cuenta falsa en TikTok que utilizaba su nombre e imagen para difamarla. El agresor fue sorprendido tomando fotografías frente al canal donde ella trabaja. El caso terminó con intervención policial, pero el efecto emocional permanece. Fernández advierte que “las amenazas pueden escalar y materializarse en hechos concretos”.
El costo de seguir informando
La periodista de investigación Silvana Vincenti enfrentó amenazas, difamación, procesos judiciales e intentos de hackeo. “Mientras más estorbás, empiezan las agresiones”, dice. Tras investigar el caso Kailasa, personas vinculadas al grupo la esperaron fuera de su oficina y tomaron fotografías. Vincenti afirma que “no tiran bombas. Te ponen una soga en el cuello y te dejan sin recursos. Te dejan sin trabajo”.
La violencia digital y las otras violencias
Según el Sistema de Monitoreo para Protección de Periodistas (SISMOPP), casi dos tercios de las agresiones registradas entre enero y octubre de 2025 responden a obstrucción, intimidación o violencia directa. El 80% de los hechos implica un riesgo físico, psicológico o profesional inmediato. El 39,2% de los casos presenta un claro componente de género. La investigadora Karina Herrera identifica que la violencia es personalizada, estructural y sostenida en el tiempo.
Agresiones digitales y afectación a la libre expresión
La presidenta de la Asociación Nacional de Periodistas de Bolivia (ANPB), Zulema Alanes, advierte que “las mujeres no solo son atacadas por lo que informan, sino por el hecho de opinar”. Muchas periodistas restringen su presencia en redes o evitan ciertos temas. “Cualquier vulneración a un periodista constituye una vulneración a la libertad de prensa”, recuerda Alanes.
Implicaciones: la seguridad digital no puede ser solo individual
Las especialistas coinciden en que la seguridad digital debe ser una política de los medios y una obligación del Estado. El acoso digital no termina cuando se apaga la pantalla. Permanece en los comentarios, en las cuentas falsas y en el miedo que antecede a cada publicación. En algunos casos, cruza la frontera y se instala en la calle, en el trabajo y en la vida cotidiana.