Francia insta a sus ciudadanos a abandonar Malí tras ataques rebeldes
El 26 de abril de 2026, Francia recomendó a sus ciudadanos que abandonen Malí «lo antes posible» tras una serie de ataques coordinados de separatistas y yihadistas durante el fin de semana.
Ataques simultáneos en todo el país
El sábado se registraron explosiones y disparos sostenidos en la capital, Bamako, así como en Kati, Gao, Kidal, Sévaré y Mopti. En Kati, el líder de defensa Sadio Camara murió en un aparente atentado suicida. El grupo separatista Frente de Liberación de Azawad (FLA) centró su ofensiva en ciudades del norte, mientras que el grupo yihadista Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) atacó múltiples ubicaciones de forma simultánea. El líder militar de Malí, el general Assimi Goïta, afirmó que la situación está bajo control y que el ejército asestó un «golpe violento» a los atacantes.
Llamados a la evacuación de extranjeros
El Ministerio de Exteriores francés indicó que los ciudadanos franceses deben salir en vuelos comerciales aún disponibles y, mientras, permanecer en casa y limitar sus movimientos. El Reino Unido desaconsejó todo viaje a Malí y pidió a sus ciudadanos que salgan «inmediatamente» si es seguro hacerlo, advirtiendo que viajar por carretera a países vecinos es «demasiado peligroso». La embajada de Estados Unidos instó a sus ciudadanos a «refugiarse en el lugar» y evitar zonas con operaciones de seguridad.
Consecuencias de la salida de fuerzas internacionales
Malí está gobernado por una junta militar liderada por Goïta, quien tomó el poder en un golpe en 2020 con la promesa de restaurar la seguridad. Tras la llegada de la junta, los cascos azules de la ONU y las fuerzas francesas se retiraron, y el gobierno contrató a mercenarios rusos para combatir la inseguridad. A pesar de ello, la insurgencia yihadista continúa y grandes partes del norte y este del país permanecen fuera del control gubernamental.
Implicaciones de una crisis de seguridad prolongada
La ofensiva rebelde pone en cuestión la capacidad de la junta militar para cumplir su promesa de seguridad, mientras que la salida de ciudadanos extranjeros y el cierre de misiones diplomáticas reflejan un deterioro significativo de la estabilidad en la región del Sahel.