Empresas planean centros de datos de IA en el espacio ante riesgos ambientales desconocidos
El margen de seguridad para evitar una colisión catastrófica de satélites se ha reducido de 164 días en 2018 a solo 3.8 días en enero de 2026, según la herramienta CRASH Clock. Este aumento del riesgo coincide con los planes de la industria espacial de lanzar mega-constelaciones de satélites para albergar centros de datos de IA, una iniciativa cuyos impactos ambientales no están regulados ni comprendidos.
La cuenta atrás para una colisión en órbita
La herramienta CRASH Clock, desarrollada por investigadores, mide el tiempo en que sería probable una colisión en la órbita terrestre baja si los satélites perdieran su capacidad de maniobra. Sarah Thiele, de la Universidad de Princeton, explica que el estudio demuestra la dependencia de la gestión activa continua de los satélites y cómo el margen de error disminuye. Una colisión podría desencadenar un efecto dominó conocido como Síndrome de Kessler.
La carrera por los centros de datos orbitales
Empresas como SpaceX, Google y Blue Origin, junto a programas espaciales nacionales, impulsan estos proyectos. SpaceX busca aprobación para lanzar hasta un millón de satélites. La astrónoma Samantha Lawler advierte que este número es completamente inseguro y critica la falta de regulación ambiental para la actividad espacial.
Contaminación atmosférica por satélites en desintegración
Los satélites que se desintegran al reingresar liberan metales como aluminio, cobre o litio en la atmósfera. El profesor John Plane señala tres riesgos principales: alterar el balance radiativo de la Tierra, dañar la capa de ozono y liberar elementos tóxicos. Un estudio de 2025 indica que para 2040 podría haber suficiente alúmina depositada para afectar a los vientos polares y a la ozonosfera.
Una huella ambiental en tierra y en el espacio
Los expertos señalan que trasladar los centros de datos al espacio no es una panacea. Ann Thresher, de la Universidad Northeastern, afirma que los costes ambientales de poner, mantener y desmantelar infraestructuras en el espacio son extensos y poco conocidos. Los lanzamientos de cohetes ya emiten gases de efecto invernadero, carbono negro y pueden dañar la capa de ozono.
Antecedentes: Un entorno orbital al límite
Actualmente orbitan la Tierra unos 14.000 satélites activos, junto a miles de piezas de basura espacial. Las estimaciones prevén un crecimiento a más de 60.000 o incluso 500.000 satélites para 2040, cifras que no incluían los recientes planes de centros de datos orbitales. La falta de regulación de la actividad espacial es un desafío principal mientras los investigadores intentan comprender los impactos potenciales.
Cierre: La necesidad del principio de precaución
Los investigadores subrayan la necesidad de aplicar el principio de precaución y definir los peligros antes de que los satélites se multipliquen. John Plane argumenta que es necesario tener una idea clara de cuánta actividad espacial puede tolerar la atmósfera sin afectar a la capa de ozono y al balance radiativo. La conclusión es que se requiere una evaluación ambiental exhaustiva antes de cualquier despliegue masivo.