Alemania frena su crecimiento al 0,6% por la guerra en Irán
El crecimiento económico de Alemania será del 0,6% en 2026, frente al 1,3% proyectado seis meses antes. La inflación alcanzará el 2,8% debido a la crisis energética provocada por el conflicto bélico entre Irán y Estados Unidos. El Banco Central analiza medidas ante el deterioro de las expectativas.
La guerra energética frena el motor europeo
La economía alemana, la mayor de la Unión Europea, reduce su expansión al 0,6% en 2026. El incremento de los precios energéticos, derivado de la guerra entre Irán y Estados Unidos, acelera la inflación hasta el 2,8%. La Bolsa de Frankfurt refleja la inestabilidad tras estas malas noticias económicas. Los sectores privados confían en una política fiscal expansiva por parte del gobierno alemán para contrarrestar la crisis.
Repercusión en el crecimiento y los salarios
Existe el riesgo de que Alemania entre en recesión técnica con dos trimestres consecutivos de caída. Los salarios podrían sufrir una baja en la capacidad de compra. El 64% de los alemanes considera negativo el rumbo económico. La crisis golpea sectores clave como la industria química y la automovilística, afectados por el aumento de costes energéticos y la debilidad de la demanda.
Antecedentes: dos años de recesión y previsiones a la baja
Alemania creció apenas el 0,2% en 2025 tras dos años de recesión. La invasión rusa a Ucrania y los cuatro años de guerra han afectado al país, que basaba su prosperidad en petróleo ruso barato. Las previsiones para 2027 se sitúan en un crecimiento del 0,9%, por debajo del 1,4% estimado inicialmente.
Debilidades estructurales y escepticismo a largo plazo
Los expertos se muestran escépticos sobre el desarrollo sostenible. Geraldine Dany Knedik, del Instituto Alemán para la Investigación Económica, afirma que “la economía alemana sigue en un terreno inestable”. El crecimiento previsto se debe a programas de inversión gubernamentales, no a una mejora de la competitividad. Sin reformas estructurales radicales, el empuje positivo será breve. Los consumidores industriales alemanes pagan entre 1,5 y 5 veces más por la energía que sus competidores, lo que reduce la competitividad y desvía inversiones al exterior.