Martha Mitchell, la filtradora del Watergate, fue ridiculizada y resultó tener razón
Martha Mitchell fue secuestrada por colaboradores de Nixon en 1972. La esposa del fiscal general denunció un complot criminal, pero fue tachada de delirante hasta que se demostró la verdad.
Una socialité convertida en denunciante
Martha Mitchell, esposa de John Mitchell, fiscal general de EE.UU., era conocida por su carácter explosivo y sus llamadas nocturnas a la prensa. En junio de 1972, tras el robo en el Watergate, fue retenida contra su voluntad en un hotel de California por Steve King, un agente de seguridad del comité de reelección de Nixon. Le arrancaron el teléfono de la pared, la agredieron y la sedaron con una inyección forzada. Cuando logró contactar con la periodista Helen Thomas, denunció haber sido golpeada y declaró: «No toleraré este negocio sucio».
Repercusión y silencio mediático
La prensa minimizó sus acusaciones. El New York Times relegó la noticia a la página 12, y el New York Daily News la trató como un chisme de sociedad. Fuentes republicanas anónimas sugirieron que Mitchell sufría problemas de alcoholismo y salud mental. Años después, el propio James McCord, uno de los ladrones del Watergate, corroboró su versión del secuestro en 1975.
El origen de una voz incómoda
Martha Mitchell creció en Pine Bluff, Arkansas, y se mudó a Washington tras casarse con John Mitchell en 1957. Como esposa del fiscal general, se convirtió en la más pintoresca y franca de las esposas del gabinete de Nixon. En noviembre de 1969 declaró a una televisión que las protestas contra Vietnam recordaban a su marido la Revolución Rusa. Usó el teléfono para presionar a favor de candidatos al Tribunal Supremo y llamó a Bob Woodward en 1971 para quejarse de la contaminación de una planta que abastecía a la Casa Blanca.
Un legado de verdad silenciada
Martha Mitchell falleció en 1976 por un mieloma múltiple. En su funeral, un ramo de flores llevaba el mensaje: «Martha tenía razón». Su historia dio nombre al efecto Martha Mitchell, un fenómeno psicológico en el que las experiencias reales de un paciente son diagnosticadas erróneamente como delirios. Su secuestro en 1972 demostró que el entorno de Nixon estaba dispuesto a todo para ocultar el escándalo. El presidente Richard Nixon dimitió en agosto de 1974. John Mitchell fue condenado por conspiración, obstrucción a la justicia y perjurio en enero de 1975. La propia Mitchell declaró a David Frost: «Creo que el señor Nixon lo supo desde el principio».