Rodríguez rechaza la anexión venezolana como estado 51 de EE. UU.
Delcy Rodríguez rechazó el 11 de mayo la propuesta de anexión. La presidenta encargada de Venezuela respondió desde La Haya a Donald Trump, quien había declarado considerar “seriamente” convertir el país en el estado 51 de Estados Unidos.
Respuesta desde La Haya
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, declaró el 11 de mayo de 2026 desde La Haya que la anexión a Estados Unidos “no está prevista y nunca lo estaría”. Rodríguez afirmó que los venezolanos “aman su independencia” y que la vía debe ser el “entendimiento energético y diplomático”. La declaración se produjo tras atender a la prensa fuera de la CIJ, donde asistió a la vista sobre el diferendo territorial del Esequibo con Guyana.
Réplica a la declaración de Trump
Trump dijo en una llamada a Fox News que valoraba las reservas de petróleo venezolanas en 40 billones de dólares. Rodríguez respondió que la propuesta no es viable “porque si hay algo que tenemos los venezolanos es que amamos nuestra independencia y a nuestros héroes”. La mandataria enmarcó el rechazo como defensa de la “integridad, soberanía, independencia e historia”.
Contexto de la crisis diplomática
El comentario de Trump se produce tras la operación militar estadounidense de enero de 2026 que desplazó a Nicolás Maduro. El secretario de Estado, Marco Rubio, presentó al Senado un plan de tres fases que incluye la estabilización del crudo, una inversión de 100.000 millones de dólares y una transición democrática con elecciones antes de que acabe 2026. Venezuela posee unas reservas probadas de 303.000 millones de barriles, el 17% del total mundial, concentradas en la Faja del Orinoco.
Implicaciones de la propuesta
Rodríguez señaló la cooperación energética como alternativa a la anexión. La declaración de Trump no tiene peso legal en los procedimientos de admisión de estados de EE. UU. ni en la ley venezolana. La reacción desde Caracas y los gobiernos regionales trata la propuesta como una señal retórica que cristaliza la tensión entre la lógica energética estadounidense y las narrativas de soberanía latinoamericanas.