Un estudio revela que 40 deltas del mundo se hunden por acción humana
Un estudio de 2026 alerta de que 40 de los grandes deltas del mundo se hunden debido a la actividad humana. El análisis, publicado en la revista Nature, ha detectado un hundimiento generalizado en 19 deltas, entre ellos el del Mekong, el Nilo y el Ganges-Brahmaputra. La extracción de aguas subterráneas y la retención de sedimentos por presas, junto al aumento del nivel del mar, amenazan la producción de alimentos y a las comunidades que dependen de estos territorios.
El doble lastre que sufren los deltas
El estudio, dirigido por Leonard Ohenhen de la Universidad de California en Irvine, ha utilizado datos de radar satelital para medir el movimiento vertical del suelo entre 2014 y 2023. La investigación revela que los deltas soportan una doble carga: el aumento del nivel del mar por el cambio climático y el hundimiento del suelo por causas humanas. En al menos 13 deltas, el ritmo de hundimiento supera el aumento global anual del mar, que es de unos 4 milímetros. En el delta del Chao Phraya, en Tailandia, el 94% de su superficie se hunde.
Ciudades y ecosistemas en riesgo
Grandes urbes como Bangkok, Alejandría, Shanghái y Ho Chi Minh se hunden al mismo ritmo que el terreno circundante. El estudio también señala que siete de los mayores deltas del mundo, como el del Mekong y el Nilo, concentran más de la mitad del área total de hundimiento global. La pérdida de estos territorios afectaría a una rica biodiversidad y a ecosistemas como el manglar de Sundarbans, hogar del tigre de Bengala.
Una amenaza planetaria para la alimentación
Aunque los deltas ocupan solo el 0,5% de la superficie terrestre, producen alrededor del 4% de los alimentos del mundo. El delta del Mekong, considerado el granero de Vietnam, genera 25 millones de toneladas de arroz al año, lo que permite al país ser uno de los principales exportadores mundiales. Unos 680 millones de personas viven en zonas costeras bajas y deltas, una cifra que podría alcanzar los 1.000 millones en 2050. La pérdida de estos territorios podría provocar una crisis migratoria y sociopolítica de gran escala.
El papel crucial del Mekong
El delta del Mekong produce más de la mitad de los cultivos básicos de Vietnam, el 65% de su acuicultura y cerca del 70% de su fruta. La región contribuye a un tercio del PIB agrícola vietnamita y sustenta a unos 20 millones de personas. El estudio subraya la dependencia de la producción de alimentos a escala global de estos sistemas.
Presiones humanas que hunden los deltas
La investigación identifica las causas del hundimiento, entre las que destacan la reducción del aporte de sedimentos, la expansión urbana y, sobre todo, la extracción de aguas subterráneas. En el Mekong, más de la mitad del sedimento que llegaba al delta queda ahora atrapado en los embalses de las presas. Las 745 presas existentes o en construcción en la cuenca podrían atrapar hasta el 96% del sedimento histórico.
La extracción de arena agrava la situación
Marc Goichot, responsable de agua dulce de WWF para Asia-Pacífico, explica que la extracción de arena para construcción retira unos 54 millones de toneladas de sedimento del río cada año. Esta práctica profundiza los canales, acelera la erosión y reduce el flujo de sedimento necesario para mantener el delta sobre el nivel del mar. “Estamos consumiendo las reservas, en lugar de vivir de los ingresos anuales”, advierte Goichot.
Una decisión política, no un destino natural
Jeff Opperman, científico principal de WWF, afirma que perder la mayor parte del delta del Mekong es una elección política, no un destino inevitable. Según los modelos, si se redujera la extracción de agua subterránea, se controlara la minería de arena y se minimizara la pérdida de sedimentos, el hundimiento podría limitarse a unos 150 milímetros. “No estamos hablando de que un humedal local desaparezca, sino de un motor de producción de alimentos para Vietnam y el mundo”, señala.
Un sistema que se puede reconstruir
A diferencia del aumento del nivel del mar, el hundimiento del terreno responde directamente a las decisiones humanas. Leonard Ohenhen indica que el proceso puede ralentizarse o detenerse reduciendo la extracción de agua subterránea, gestionando el uso del suelo y restaurando los flujos de sedimentos. Goichot señala que la única solución real es permitir que las inundaciones depositen una nueva capa de sedimento.
Una ventana de intervención reducida
El estudio cita el caso de la capital de Indonesia, Yakarta, como ejemplo del peligro. Construida sobre el delta del Ciliwung, la ciudad se hunde a un ritmo de 50-60 mm al año, lo que ha llevado al gobierno a trasladar la capital a una nueva ciudad en la isla de Borneo. En el delta del Mekong, los vecinos como Lâm Thu Sang, de la ONG Anh Duong, describen cómo las inundaciones son más largas y graves, y temen que en 50 años el delta y su forma de vida desaparezcan.