Airbus registra beneficios récord en 2025 pese al apoyo político de EE.UU. a Boeing
Airbus obtuvo un beneficio operativo ajustado de 7.100 millones de euros en 2025. La empresa entregó 793 aviones y facturó 73.400 millones. Sin embargo, el apoyo del Gobierno estadounidense a Boeing influye en grandes contratos internacionales.
Resultados financieros históricos y desafíos operativos
El grupo europeo cerró un año clave con una demanda muy fuerte. Su consejero delegado, Guillaume Faury, destacó el cumplimiento de las previsiones. No obstante, la celebración se ve matizada por problemas en la cadena de suministro y una escasez de motores. Las acciones de la compañía caían un 6,9% tras la presentación de resultados.
La presión política desde Washington
La Administración del presidente Donald Trump impulsa activamente los contratos de Boeing en el extranjero. El Departamento de Comercio de EE.UU. señaló que los acuerdos respaldados por el Gobierno se dispararon hasta 244.000 millones de dólares en 2025. Ejemplos de esto son el pedido de Qatar Airways por 96.000 millones y los acuerdos con aerolíneas vietnamitas por 30.000 millones.
Una cartera de pedios robusta frente a cuellos de botella
Airbus cerró 2025 con 8.754 aviones en cartera, por un valor total de 619.000 millones de euros. Para 2026 prevé entregar unos 870 aparatos. Sin embargo, la producción sigue lastrada por la falta de motores, principalmente de Pratt & Whitney. Faury acusó al proveedor estadounidense de incumplir sus obligaciones contractuales.
El contraste entre el éxito comercial y el apoyo gubernamental
Los sólidos resultados de Airbus contrastan con el apoyo político que recibe su rival desde Washington. Mientras la empresa europea gestiona una cartera récord, la agenda estadounidense utiliza acuerdos comerciales como herramienta de influencia diplomática para Boeing.
Implicaciones en el sector aeroespacial global
La rivalidad comercial entre Airbus y Boeing se intensifica con un factor político añadido. La fortaleza financiera y de pedidos de Airbus choca con una política exterior estadounidense que prioriza a su fabricante nacional en contratos internacionales clave.