Exposición del Rijksmuseum muestra falsificaciones fotográficas desde 1860
La manipulación de imágenes es inherente a la fotografía desde sus inicios, según revela la exposición «Fake!» del Rijksmuseum. La muestra, abierta hasta el 25 de mayo de 2026, presenta collages y fotomontajes creados entre 1860 y 1940, demostrando que la alteración de la realidad visual es un fenómeno histórico y no exclusivo de la era digital.
De los trucos de cuarto oscuro a la sátira política
La exposición incluye diez imágenes históricas que ilustran diversas técnicas de manipulación. Desde el montaje con tijeras y pegamento hasta los trucos de doble exposición en el cuarto oscuro, los fotógrafos exploraron la creación de escenas imposibles. Un ejemplo es «Daydream» (c. 1870–1890), un truco de cuarto oscuro que muestra a una mujer con su oficio y su sueño de ser madre, logrado al tapar parte del papel fotográfico y añadir un segundo negativo.
Fines lúdicos, artísticos y de denuncia
Según el comisario Hans Rooseboom, tres cuartas partes de estas imágenes tempranas se hicieron «por diversión». Fotografías como «Collision between a car and a steamroller» (1915) de Alfred Stanley Johnson Jr. buscaban entretener al espectador con escenas dinámicas y humorísticas. Otros fotomontajes, como los del artista John Heartfield para la publicación izquierdista AIZ, tenían un propósito político, como su obra de 1934 que critica a Hitler y Goebbels.
Antecedentes de una práctica sin restricciones éticas
Rooseboom explica que, antes de los años 30, no existía una restricción ética para producir imágenes no realistas. Los fotógrafos gozaban de libertad creativa para alterar sus obras, como demuestra «Decapitation» (c. 1880–1900) de FM Hotchkiss, donde el movimiento de una cabeza se logró con un montaje y retoques manuales.
Repercusión en el arte y la percepción moderna
Estas manipulaciones históricas prefiguraron movimientos artísticos como el Surrealismo y el Dadaísmo, y cuestionan la idea de que la fotografía siempre muestra la verdad. La exposición sostiene que la manipulación, lejos de ser un fenómeno nuevo vinculado a herramientas como Photoshop o la IA, es una parte consustancial de la historia del medio fotográfico.