Las agencias Fitch, S&P y Moody’s rebajan a ‘bono basura’ la deuda de Raízen
Las tres principales agencias de calificación crediticia degradaron a la categoría de ‘bono basura’ a Raízen en un solo día. La empresa, una joint venture entre Shell y Cosan, acumula una deuda neta de 53.400 millones de reales. Tiene obligaciones por 10.500 millones que vencen en 18 meses.
El silencio de los accionistas acelera la crisis
Fitch rebajó la calificación dos veces en siete horas, de BBB- a CCC. S&P la situó en CCC+. El detonante fue la «falta de los accionistas para ejecutar una inyección de capital material». Ni Shell ni Cosan han aportado nuevo dinero, pese a sus promesas públicas. Cosan recaudó 10.000 millones en septiembre y dijo que ninguno iría a Raízen.
Opciones de restructuración sobre la mesa
La empresa ha contratado asesores financieros. Se estudian escenarios como una quita de deuda, una venta de participaciones o una oferta de capital. Sus bonos en dólares se desplomaron, con rendimientos que superan el 14%. Los inversores institucionales se ven forzados a vender.
Una expansión agresiva en un contexto adverso
La compañía apostó por crecer cuando terminó la era del capital barato. Los tipos de interés de Brasil subieron y los precios del azúcar se debilitaron. Sequías e incendios dañaron un 7% de la cosecha de caña en 2024. Las necesidades de capital circulante consumieron efectivo.
Un negocio subyacente considerado el futuro
Raízen es el mayor productor mundial de etanol de caña de azúcar. Opera 24 molinos, la red de distribución de combustible Shell en Brasil y fue pionera en etanol celulósico de segunda generación. Tenía planes de inversión por 24.000 millones de reales.
Implicaciones para la transición energética
La crisis de Raízen pone a prueba la narrativa de que Brasil puede liderar una transición energética verde y rentable. Si una empresa respaldada por Shell y la familia Ometto no logra cuadrar las cuentas, envía una señal clara al sector: la ambición sin disciplina de capital genera deuda.