Los rendimientos japoneses amenazan el modelo global de financiación de déficits
El rendimiento del bono a 40 años de Japón superó el 4% en enero de 2026. Este aumento cambia los incentivos para los grandes inversores institucionales del país, que mantienen unos 1,20 billones de dólares en bonos del Tesoro de EE.UU. Un flujo constante de capital más caro podría elevar los costes de financiación a nivel mundial.
El fin de un pilar financiero global
Durante décadas, el yen barato fue el motor de las operaciones de carry trade. Los inversores se endeudaban en Japón con tipos bajos para invertir en activos con mayor rendimiento en el extranjero. Ese pilar se tambalea con los nuevos rendimientos de la deuda japonesa, lo que reduce el atractivo de mantener dinero fuera del país.
Repercusión directa en economías como Brasil
Para Brasil, el canal de impacto es conocido. Los flujos de yen apoyaban al real y contenían la presión inflacionista. Si estas operaciones se deshacen, la moneda brasileña puede debilitarse y aumentar la volatilidad, forzando decisiones más duras en política monetaria y fiscal.
Un cambio impulsado por política y deuda
La política interna amplifica el movimiento. La primera ministra Sanae Takaichi convocó elecciones anticipadas para febrero de 2026. Sus propuestas de alivio fiscal y estímulo generan preocupación por un mayor endeudamiento cuando su financiación se encarece. La deuda pública japonesa ronda el 227% del PIB.
El largo legado del Banco de Japón
La transición está marcada por la herencia de la política monetaria. El Banco de Japón (BoJ) mantuvo una compra agresiva de bonos, acumulando activos por unos 678 billones de yenes hasta diciembre de 2025. Este enorme balance subraya cuánto estaba gestionado por políticas.
La pregunta sin respuesta: ¿quién suplirá el capital?
El riesgo global no es una salida brusca, sino una repatriación constante que eleva los costes de endeudamiento en otros lugares. Muchos gobiernos emiten más deuda, no menos. Si Japón revalora su capital, los mercados responderán con mayores rendimientos, una mayor dependencia del ahorro interno o presión para unos presupuestos más austeros.