Europa asume el fin del paraguas de seguridad de EE.UU. tras las amenazas de Trump
Los líderes europeos certifican en Bruselas que su aliado histórico ya no les apoya. La cumbre extraordinaria constató el cambio hacia una era geopolítica basada en la fuerza bruta. Europa reacciona ante la indiferencia y las amenazas de la administración estadounidense.
Un despertar forzado en Bruselas
Los dirigentes europeos empiezan a asumir que su gran aliado tradicional, el paraguas de seguridad desde 1945, pasó a ser indiferente o un nuevo enemigo. La cumbre de este jueves fue el momento de entender que los europeos deben pasar página. Aunque no se tomaron decisiones, se asumió que Europa tendrá que protegerse por sus propios medios.
La reacción europea y el punto de inflexión
El envío de tropas a Groenlandia fue una primera señal para ayudar a Dinamarca y encarecer cualquier intento estadounidense. Analistas coinciden en que, junto a la amenaza de activar el instrumento anti-coerción y el movimiento de fondos de pensiones, esto hizo recular a Trump. Los mercados financieros empezaron a golpear a Wall Street.
El fin de una alianza basada en la confianza
La duda de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, al preguntársele si confiaba en EE.UU., simboliza el fin de la OTAN. La alianza se asienta en la confianza absoluta de que todos los miembros acudirán en ayuda del atacado. Los europeos empiezan a entender que la OTAN entró en muerte cerebral.
Un nuevo escenario global de esferas de influencia
Europa se enfrenta a un mundo de fuerza bruta donde el derecho internacional pierde peso. Según el alemán Friedrichs Merz, el escenario avanza hacia esferas de influencia repartidas entre EE.UU., China y, en menor medida, Rusia. En ese marco, Europa es enemiga de los tres, aunque China sea sólo una amenaza comercial.
La adaptación a una nueva realidad
Europa ratificará el último acuerdo comercial con EE.UU., que incluye un arancel del 15%, y permitirá más presencia militar estadounidense en Groenlandia. Sin embargo, ya saben que es mejor no volver a confiar en Estados Unidos. Esperarán a un presidente menos heterodoxo, pero asumen que deben actuar con autonomía en un mundo que, como advirtió Merz, no será agradable.