Pastoral Penitenciaria advierte que corrupción carcelaria en Bolivia tiene raíces profundas
La corrupción en las cárceles bolivianas no es un problema reciente ni de solución inmediata, según Miguel Sotelo, representante de la Pastoral Penitenciaria de Tarija. Describió el sistema como un «cuerpo enfermo» con «raíces podridas». El contexto incluye un discurso oficial de tolerancia cero del gobierno de Rodrigo Paz Pereira, pero también divisiones en el Ejecutivo que agravan la gestión.
Señales de cambio en medio de un sistema enfermo
Miguel Sotelo reconoció señales de cambio en el penal de Morros Blancos, en Tarija. Un hecho relevante fue el reemplazo de un teniente coronel presuntamente vinculado al narcotráfico por el mayor Sosa, quien asumió con un plan de tolerancia cero. «Hay voluntad de sanear el sistema», afirmó Sotelo, aunque advirtió que el desafío es enorme debido al poder de las bandas de narcotraficantes dentro de los penales.
Problemas estructurales que persisten
El representante identificó problemas estructurales profundos. Describió a la Policía como una institución dividida, con efectivos en redes de corrupción. Denunció que la administración penitenciaria en Tarija sigue en manos de operadores políticos que solo «cambiaron de chaqueta». Además, señaló que la división en el Ejecutivo, con enfrentamientos públicos, evidencia cómo la corrupción ha permeado distintos niveles del Estado.
El eslabón judicial y la crisis humanitaria
Para Sotelo, la justicia es otro eslabón clave del problema. Sostuvo que «la corrupción en las cárceles se alimenta de un sistema judicial que funciona como una rosca de gente muy corrupta». A este panorama se suma una grave crisis humanitaria: en Morros Blancos, alrededor del 70% de los internos consume drogas y el hacinamiento es crítico, con casi 1.500 personas, muchas obligadas a dormir a la intemperie.
Respuesta oficial y escepticismo
En paralelo, el comandante general de la Policía Boliviana, Mirko Antonio Sokol Saravia, ha reiterado su compromiso de tolerancia cero, anunciando controles internos y renovación de liderazgos. No obstante, para Sotelo, estos esfuerzos resultan insuficientes mientras el sistema judicial y administrativo siga operando bajo lógicas de lucro y cuotas políticas.
Antecedentes de un sistema con raíces podridas
La corrupción en las cárceles bolivianas no es un problema reciente. Miguel Sotelo, representante de la Pastoral Penitenciaria de Tarija, sostuvo que el sistema penitenciario arrastra «raíces podridas» y funciona como un «cuerpo enfermo» que no puede sanarse de la noche a la mañana, incluso bajo un discurso oficial de tolerancia cero impulsado por el gobierno de Rodrigo Paz Pereira.
Cierre: Un desafío integral y de largo plazo
Las declaraciones del representante de la Pastoral Penitenciaria implican que el combate a la corrupción carcelaria requiere una estrategia integral que vaya más allá de los cambios de personal. La solución debe abordar simultáneamente las fallas estructurales en la Policía, el sistema judicial y la administración penitenciaria, así como la grave crisis humanitaria en los recintos, para lograr un cambio sostenible.