Verificadoras bolivianas revelan predominio de falsedades en primera vuelta electoral
El 83% de los contenidos analizados fueron falsos o engañosos. Bolivia Verifica y Chequea Bolivia ofrecen pautas para combatir la desinformación de cara a la segunda vuelta. La mayoría de estos contenidos se difundieron en TikTok y Facebook.
La duda como primer escudo
Patricia Cusicanqui, editora en jefe de Bolivia Verifica, resume la estrategia: “La mejor manera de ser críticos (…) es dudar, dudar absolutamente de todo”. Esta duda debe ir acompañada de una observación minuciosa de los detalles en los contenidos que se consumen.
Señales de alerta en un clic
Enid López, fact-checker en jefe de Chequea Bolivia, indica que la clave está en identificar señales básicas como la fecha de publicación, posibles errores ortográficos o insultos que intentan reforzar posiciones. Además, hay que fijarse en logotipos que imitan a medios reconocidos pero no son originales, o en audios con voces robóticas y ruidos de fondo.
El panorama digital en cifras
Según sus reportes, el ecosistema desinformativo es vasto. Chequea Bolivia monitoreó 286 rumores y desinformaciones un mes antes de los comicios, de los cuales 95 fueron falsos y 191 rumores. Por su parte, Bolivia Verifica analizó 53 contenidos: 83% resultaron falsos, 14% engañosos y solo 3% verdaderos. La plataforma TikTok fue el principal canal de difusión.
Una primera vuelta bajo el fuego de la falsedad
El contexto previo a la segunda vuelta está marcado por una guerra sucia en el entorno digital. Los candidatos Jorge “Tuto” Quiroga, Juan Pablo Velasco, Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara concentran gran parte de la circulación de contenidos. Abundan los videos antiguos que circulan como actuales y declaraciones agresivas que refuerzan discursos de odio.
Un llamado a la responsabilidad colectiva
La desinformación degrada el debate público y genera desconfianza, con contenidos que apuntaban a acusaciones de fraude o inestabilidad institucional. El llamado de las verificadoras es doble: apelar a la responsabilidad de los políticos y a la ciudadanía para que “no sea un instrumento útil de los políticos”, pensando bien lo que se comparte y asumiendo una responsabilidad en el comportamiento digital.